Camaradas, estamos ya en el centésimo tercer año de lo que fuera el trágico 15 de noviembre de 1922, fecha imborrable para la clase trabajadora. Ese día, se convocó a una Huelga General desde la Federación Regional de Trabajadores del Ecuador (FRTE) y la Confederación Obrera del Guayas (COG). Estas organizaciones sindicales, se mantuvieron movilizadas desde el 13 de noviembre, para entre otras demandas se estableciera un salario básico, jornada laboral de ocho horas y reconocimiento de horas extras. A la huelga se unieron trabajadores de Luz y Fuerza eléctrica, cocheros, panaderos, carpinteros, tipógrafos, trabajadores del astillero y trabajadores informales.
La inspiración para la Huelga General vino de una movilización previa organizada por ferrocarrileros de Durán, quienes en octubre se mantuvieron paralizados hasta que el gerente de la Empresa de Ferrocarriles del Ecuador J.C. Dobbie accediera a las demandas exigidas por los trabajadores. A la Gran Huelga de 15 de noviembre se movilizaron miles de obreros que fueron acompañados por mujeres trabajadoras, niños y adultos mayores, quienes se manifestaron ante la crisis cacaotera resultado de la caída de precios en el marcado internacional. Por su parte el gobierno de José Luis Tamayo dio su apoyo y sostén económico a empresarios y productores cercanos al sector bancario. El 14 de noviembre, Tamayo mediante telegrama exige al oficial Enrique Barriga comandante del batallón Marañón, que por cualquier medio termine con la manifestación del día siguiente. Como resultado del ataque militar miles de manifestantes fueron asesinados, cientos de cuerpos fueron lanzados al río con sus abdómenes abiertos por bayonetas del ejército para que se hundieran enseguida, otros cientos fueron enterrados en fosas comunes en el cementerio general de Guayaquil. El acto sanguinario marcó el denominado “Bautismo de Sangre de la Clase Obrera Ecuatoriana”.
Como parte de la clase obrera y como descendientes de aquellos caídos aquel fatídico día, es nuestro deber mantener viva la llama histórica de quienes con valor se levantaron e hicieron frente a un gobierno servil a los intereses empresariales y de la banca privada. Ahora la historia parece repetirse con matices y renovados discursos, pero con las mismas intenciones despóticas y represivas. Y no les basta con robar el país, o quitarnos nuestros derechos más elementales ganados con sudor y sangre, ahora también piensan entregar nuestro territorio a los intereses imperialistas otorgando parte de nuestro territorio para bases, que bien sabemos que jamás sirvieron para mitigar la delincuencia en el pasado, mucho menos ahora. Es momento de ver en nuestra historia y organizarnos, porque la fuerza de la clase obrera radica en la organización como espacio de resistencia. Ahora más que nunca la historia toca a nuestro presente con claridad ensordecedora.
¡Por nuestros caídos!
¡Por nuestros Derechos!
¡Por nuestra historia!
¡Viva la clase trabajadora del Ecuador!











