Quito, 27 de agosto de 1929
MANIFIESTO DE FUNDACIÓN
Conciudadanos y camaradas:
Hasta ahora, la Juventud Ecuatoriana ha permanecido sumida en la inercia, que no solo es característica de esta, sino de la mayoría de los latinoamericanos de todas las edades. Nunca se ha marcado, ni aun en la juventud intelectual, una tendencia o rumbo definido, espontáneo de ella. Desde los primeros días de la colonia hasta nuestros últimos días, los jóvenes del Ecuador han sido la presa de la Religión Católica. La enseñanza dogmática de los claustros, llena de atracciones engañosas para los cerebros infantiles, ha logrado estancar la luz del pensamiento joven y matar el nervio renovador de las civilizaciones. El fraile ha querido maniatar con su escapulario al niño, al joven y al viejo. Después de monopolizar la enseñanza de los niños, abre también las puertas de sus templos oscuros a los jóvenes. Esto lo hace con el fin de aumentar las filas negras de fanáticos y continuar indefinidamente dominando las conciencias, ya sea por los métodos anteriormente anotados, o ya también, por la imposición de las generaciones viejas que, al fin de la ruta de la vida, agudizan el presentido castigo y el mentido paraíso.
Cuando explota la rebeldía que tiende a romper las normas estratificadas del vivir social, la colectividad pletórica de prejuicios condena con su anatema judaico a la fugaz intelectual que busca nuevos horizontes de vida. Cada joven que tremola una bandera de rebeldía es considerado como un verdugo; cada idea que brota de los cerebros nuevos aparece como una granada que ha de destruir una iglesia. ¡Gran verdad, muy observada por los retrógrados! Nosotros sabemos que cada pensamiento es como un nuevo mundo para los hombres. Los claustros universitarios que han elevado a la juventud al plano de su independencia ideológica, a la madurez de su personalidad, son entre nosotros, claustros cerrados como los de la secta, donde el pensamiento propio muere en medio de la reprobación de los de arriba, apoyados por el Estado y por toda la Organización reaccionaria que quiere conservar al mundo en pausa de paralización. Si con la clase intelectual cuya mirada ha penetrado hacia lo desconocido por la misteriosa ventana de los libros, acontece esta esclavización, ¿cómo no será con la clase de los jóvenes trabajadores que intelectual y económicamente dependen de aquellos que detentan las fuerzas máximas de la sociedad?
El trabajador de los campos, el que hace el trigo para el amo, lo mismo que el trabajador de las ciudades que pasa su vida junto a la materia muerta de la máquina, consumiendo su juventud y sus energías en la miseria de su situación, constituye la espalda vigorosa donde se apoya la burguesía y el pulmón donde se nutre el Estado.
Pero esta clase dejará de ser la vianda de la burguesía y el músculo del capitalismo explotador para convertirse en el frente rojo de mañana. Hondos problemas agitan el mundo en estos momentos de transición; el Ecuador, como una célula del gran organismo internacional, sufre profundamente las contradicciones de un régimen capitalista imposible. Las juventudes intelectuales, trabajadores de las ciudades, campesinos y soldados no sienten este crepitar de la vida, ese derrumbamiento implacable de toda la estructura social; la juventud habituada a poner su vida, su nervio en las cosas triviales, no sabe que ella es la fuerza de la nueva civilización del futuro, y no sabe colocarse frente a la nueva ideología para cumplir su misión histórica.
Por eso nosotros, venimos con la antorcha audaz de las nuevas corrientes revolucionarias a abrir la ruta para las generaciones dormidas, para los hombres que vienen anhelantes al conjuro del clarín de nuestra heráldica juventud comunista. Ellos no pertenecen a la Era vieja del mundo, sino al edificio social del futuro.
Nuestra organización de la F.J.C. del E. viene a cumplir una misión en forma homogénea y compacta, porque comprende que las aspiraciones individuales se pierden en el ensueño de sus propias ansias, y solo la fusión de los cerebros en la obra mancomunada puede cumplir su misión renovadora. La F.J.C. del E. hace un llamado a sus hermanos: los jóvenes trabajadores manuales e intelectuales, para estrechar filas y fundir en la obra del amor los ideales de la juventud selecta, porque actualmente el pensamiento y el trabajo se han unido; los grandes conductores del siglo han inculcado su dinámica en los trabajadores oprimidos; actualmente se está sentando las bases de un edificio que no lo pudieron ver nuestros antepasados. Por ello, jóvenes que sufrís la angustia del peso capitalista, venid, que nosotros constituimos una parte del ejército que ha de acabar con los sayones del capital y las injusticias de este régimen burgués.
Prendamos la llamarada revolucionaria en todos los sectores donde la juventud incomprendida lleva sobre sus hombros el peso de los siglos viejos.
¡Viva la Juventud Revolucionaria del Ecuador!
¡Por la redención de todos los trabajadores!
¡Por la Era de la justicia proletaria!
Federación Juvenil Comunista Ecuatoriana de la Internacional Juvenil Comunista.











