Por: Alejandro Ríos Alvear.
En el marco de las protestas en Ecuador, es necesario un análisis para comprender mejor el hecho social y las razones de las movilizaciones. Daniel Noboa, con el decreto ejecutivo 126 del 12 de septiembre del 2025, suspendió el subsidio al diésel, siguiendo los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), dando inicio a una serie de reformas económicas, para recibir el desembolso de 5000 millones de dólares hasta 2028. Las medidas afectan al pueblo y en especial a la clase trabajadora.
El gobierno de Noboa, sigue una agenda que va en conformidad con los intereses de la burguesía agroexportadora y corporativa del país, por medio de negociaciones y acuerdos. Algo que define a la burguesía es el clientelismo, ya sea con beneficios políticos como la entrega de cargos públicos y/o diplomáticos, preferencias de empresas que participen en licitaciones de compras públicas o trabajos, y en el caso del pueblo la entrega de bonos, distribución de maquinaria para el agro o prebendas para comunidades.
Noboa es un negociante astuto, y está rodeado de un equipo de estrategia política. Durante los once días en lo que va del paro, pudieron desaparecer la deuda de 98 millones de dólares que bananera Noboa tenía con el Estado ecuatoriano, así como el continuo envío de decretos o proyectos de ley, mientras se coordinó con el CNE la aprobación de una consulta popular prevista para noviembre de este año, a la vez que en la asamblea la prioridad fue tener mayoría en el caso del BIESS. Para acabar con la oposición, el gobierno puso en práctica su política clientelar, adquiriendo medios de comunicación, comprando conciencias y consolidando su relación con la “fuerza pública” Policía y Militares, quienes hasta el momento han mantenido su respaldo al mandatario.
Con los escándalos de corrupción uno que llamó la atención, fue el caso PETRONOBOA, compañía que usó combustible subsidiado del Estado para la venta comercial a flota de camiones privadas con sobreprecios. Ante el escándalo el pueblo ecuatoriano fue testigo de cómo en el Servicio de Rentas Internas (SRI), desapareció las facturas. Mientras, los medios de comunicación tradicionales manejaron una narrativa tibia y casi cómplice.
El pueblo ecuatoriano, se cansó. En un principio, el sindicato de choferes inició una medida de hecho que a los días perdió fuerza, puesto que dirigentes en Pichincha pactaron con el gobierno. Las comunidades rurales, así como organizaciones indígenas se levantaron en resistencia desde que la CONAIE anunciara la medida de hecho el domingo 21 de septiembre a las 22h00. Desde entonces la represión del gobierno se focalizó en Imbabura, ya que en Otavalo donde se ubicó la vicepresidenta María José Pinto, las movilizaciones cobraron más fuerza. El 28 de septiembre en la noche fue asesinado Efraín Fuerez, comunero de Cuicocha a quien el Ejército disparó por la espalda. Doce jóvenes fueron detenidos arbitrariamente por la fuerza pública y declarados terroristas sin que se les permita contacto con abogados o representantes legales. En redes sociales, se especula sin certeza que hay divisiones al interior del Ejército, mientras el amedrentamiento y el acoso de militares a comuneros es constante por las noches.
En Quito estudiantes universitarios, artistas y organizaciones sociales iniciaron protestas, que recibieron cobertura por periodistas, que al no haberse alineado a la narrativa del gobierno fueron reprimidos en los predios de la Universidad Central del Ecuador. Sin embargo, nada de lo expuesto en estas líneas parece suficiente para el resto de la población, en especial esos profesionales de clase media que se llenan la boca con que el pueblo indígena fue quien votó por Noboa, ahora que se hagan cargo. ¡Dónde están esos analistas clasemedieros, CARAJO! Que andaban como pitonisas prediciendo los resultados de las últimas elecciones presidenciales sin atinar una, y que ahora dicen que se hagan cargo los indígenas. En las elecciones pudimos tener diferencias con el movimiento indígena, porque nuestra línea como comunistas fue clara. Pero ahora ante el atropello de Noboa, nos organizamos y respondemos como pueblo, porque ahora es el momento de hacer frente a la tiranía y el despotismo neoliberal de Noboa.
El pueblo está dejando su vida en las calles, y es en estos momentos cuando la solidaridad revolucionaria llena el corazón de la hermandad obrera.










