Por: Eduardo Vásquez Rojas.
La alegría y sentimiento popular combinado con esa dignidad característica de nuestro guerrero pueblo, fue lo que se manifestó en varios rincones del campo y la ciudad una vez anunciado el triunfo del NO en la Consulta y Referéndum durante el domingo 16 de noviembre. No es poca cosa, porque esta batalla se libró ante una gran maquinaria millonaria de terror, mentiras, represión y chantaje como lo es el aparato estatal dirigido por la lumpen-burguesía, que a lo largo de su existencia ha venido acumulando riquezas a base de explotación, saqueo y crimen organizado.
También, señalamos que otro gran derrotado fue el imperialismo norteamericano, encarnado en el Gobierno de Donald Trump, el Fondo Monetario Internacional, las transnacionales y el sionismo criminal, quienes se frotaban las manos anticipadamente, dado que ellos apostaban al uso de nuestro territorio para sus disputas geopolíticas con otras potencias y desestabilización a pueblos hermanos, el saqueo de los elementos de la naturaleza (agua, tierra y minería), la implementación del negocio de la política militarista contra la lucha social.
Pero nuevamente, el pueblo valiente puso freno a estas siniestras intenciones de total sometimiento. Fueron 3 meses de intensa batalla demostrada en las calles, mérito que pertenece a los comuneros, campesinos, indígenas, jóvenes, jubilados, trabajadores, mujeres, ecologistas y entre sectores de base que heroicamente sostuvieron el Paro Nacional y la campaña por el NO en las elecciones de Consulta y Referéndum. Esto nos permite comprender que, la voluntad de lucha y el espíritu combativo de nuestro pueblo, se mantuvo firme pese a los titubeos de ciertos dirigentes, tristes felipillos que se mantienen abyectos al poder oligárquico.
Ya dejando a un lado la felicidad del importante triunfo en la consulta, debemos ser conscientes de la realidad que estamos enfrentando en este momento en la escena geopolítica actual. Obviamente esto no ha terminado, por el contrario, recién inicia una etapa dentro de la lucha de clases, donde nuestra clase trabajadora deberá mantenerse en resistencia por sus derechos, repensando y actuando ágilmente por la disputa real del poder político, que representa la única salida a la crisis que vivimos.
El triunfo es importante para el pueblo, pero hay que entender que eso sólo fue un freno a aquellos objetivos macabros impulsados por el imperio y su gobierno títere narcobananero; la estructura gobernante está intacta, su estrategia entreguista sigue en curso, la violencia selectiva de persecución y represión a las organizaciones no cesará, se intensificará.
El gobierno y sus operadores políticos, después de los resultados electorales, han sabido manifestar fraudulentamente que «respetarán la voluntad del pueblo». Pero que eso no los detendrá en sus objetivos programáticos como la organización política ADN. En resumen, buscarán la forma de imponer sus planes antipatrióticos, entreguistas y antiderechos contra el pueblo ecuatoriano. Por lo cual, tenemos el deber de mantenernos en permanente movilización.
Ya hemos visto en anteriores casos, como el gobierno irrespeta de la Constitución y su propia legalidad burguesa, no es de sorprenderse que pretenda violentar la voluntad soberana de nuestra clase demostrada en las urnas; pues, las presiones imperialistas son grandes, todo esto debido a sus urgencias en el marco de las disputas geopolíticas.
Los comunistas y revolucionarios en el Ecuador debemos reflexionar y accionar sobre la reconstrucción de nuestra estrategia y táctica, desenmascarar las prácticas oportunistas y servilistas a la socialdemocracia que raya en lo ridículo y cómico. Por supuesto que creemos en la unidad, pero esa unidad debe ser de clase, con el pueblo y no con esos dirigentes anquilosados y desvinculados de la realidad, que en algunos casos cumplen la labor de agentes esquiroles o colaboracionistas al sistema.
En cierto momento pareciera utópico y desafiante lo que estoy exponiendo, dado que no faltará alguno que me responda con el típico argumento derrotista y reformista, «priorizar la alianza con los sectores democráticos y así consolidar un gobierno de salvación que modernice el estado y mejore las condiciones de vida» y entre otras verborreas que forman parte de los programas fracasados de revoluciones democráticas burguesas, al cuál su único objetivo es desarmar ideológicamente al pueblo y arrastrarlo a una suerte de servilismo funcional al mismo sistema que estamos combatiendo.
Es probable que, muchos nos pregunten, ¿Qué proponen ustedes?, y esa respuesta es simple y se llama: La revolución socialista, el verdadero objetivo estratégico que nos debe unir y que sentenciará a la clase dominante. Entonces, para poder llegar a ese escenario, debemos reorganizar, reconstruir y unir nuestras fuerzas, elevar conciencia del pueblo, disputar el campo ideológico contra las tesis reformistas y derrotistas, con miras a avanzar en la profundización de la lucha de clases.











cambiemos de tono y miremos al campo en. dónde los campesinos también son parte de nuestras luchas tenemos un sueño muy fértil que la naturaleza nos permite tener una producción exitosa.no regalemos nuestros recursos minerales.ahorA que parece una maldición en cualquier parte de nuestro país hallas oro.tengo un programa para disminuir el proletariado me regalas un tiempo y te explico.esto cambiaria nuestra filosofía.