POR: EDUARDO VÁSQUEZ ROJAS
«Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños; de examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía.» — V. I. Lenin
La clase trabajadora en el mundo asiste a un nuevo escenario de guerra imperialista. Son tiempos difíciles, en los que se debate la salvación de la humanidad y del planeta, todo esto en medio de disputas inter-imperialistas por el control de mercados, recursos naturales y energéticos, territorios, mares y espacio aéreo, así como por la preservación del dólar como moneda hegemónica dentro del sistema capitalista. Estos son los verdaderos motivos por los cuales el imperio norteamericano acelera sus acciones violentas contra diversos pueblos del mundo, situación ante la cual los partidos comunistas y obreros debemos tomar los apuntes necesarios para la acción.
En este contexto, han surgido diversas expresiones oportunistas, reformistas y funcionales al sistema que buscan desorientar y desarmar ideológicamente a la clase trabajadora, enredándola en la narrativa vacía de la socialdemocracia en apoyo al “mal menor”; es decir, concesiones tácticas que no aportan en nada a los objetivos reales del proletariado mundial. Por el contrario, permiten anestesiar la crisis manteniendo intacto el sistema capitalista. Es así como los marxistas-leninistas debemos entrar en la lucha ideológica contra el empantanamiento y la desviación malintencionada promovida por operadores políticos del propio sistema.
Curiosamente, se nos pretende vender un falso antagonismo entre “progresistas-reformistas” y “fascistas”, o entre “multipolarismo” e “imperialismo”. Si bien existen contradicciones que podrían precipitar la caída de la hegemonía estadounidense, esto no significa que China y Rusia sean estandartes liberadores, ya que ambos países tienen claramente definidos sus objetivos dentro de la disputa por el liderazgo del capitalismo mundial.
Desde esta premisa, los comunistas en el Ecuador debemos partir de nuestra realidad concreta y material, entendiendo que somos un país pequeño, productor de materias primas, con una industria frágil e irrelevante y una economía dependiente del imperialismo. En este contexto coexisten diversas formas de explotación, y un gran porcentaje de la masa trabajadora se encuentra en el sector informal. La burguesía, como clase dominante, ha acumulado sus riquezas a partir de la explotación del agro, la banca —considerando que somos un país dolarizado— y la importación de bienes y servicios. Asimismo, nuestros recursos están administrados por empresas transnacionales, que apuntan a la apropiación de territorios con el objetivo de instalar minería a gran escala, imponiendo mecanismos jurídicos, coercitivos y violentos contra pueblos y nacionalidades indígenas.
A esto se suma la acumulación exponencial de un sector de la burguesía ligada al narcotráfico, el lavado de dinero y el crimen organizado. Sus efectos se reflejan en la alarmante cifra de muertes violentas y en los miles de jóvenes reclutados para este proceso de acumulación, utilizados como carne de cañón en las guerras de cárteles. Esta forma de acumulación está intrínsecamente vinculada a la dinámica imperialista de subordinación de nuestros pueblos: es un negocio transnacional que permite sostener al dólar como moneda dominante y que pretende convertir al país en una gran plataforma financiera de lavado de activos.
Este último elemento es fundamental, ya que la política intervencionista de los Estados Unidos se justifica bajo el pretexto del “combate” al terrorismo y al narcotráfico, lo que facilita la instalación de bases militares, centros de operaciones, sistemas de inteligencia y radares. Sin embargo, esta infraestructura es utilizada para la represión y el blindaje de gobiernos cipayos-subordinados, como el de Daniel Noboa. La presencia militar extranjera responde exclusivamente a los intereses de monopolios y empresas transnacionales, así como al control geoestratégico del territorio.
Ahora bien, los comunistas respondemos a las realidades materiales e históricas de cada país. Por ello, en el Ecuador es necesario profundizar en el estudio y caracterización del modo de producción, la fisonomía de la clase dominante y un diagnóstico real de nuestras fuerzas. La comprensión de estos elementos debe conducirnos a la reconstrucción revolucionaria del Partido como herramienta para la Revolución Socialista en el Ecuador.
Comprender el lugar que ocupa el Ecuador dentro de las disputas inter-imperialistas es una prioridad en un contexto de confusión promovido por sectores liquidacionistas que asumieron posturas oportunistas, apoyando acríticamente proyectos de gobiernos keynesianos. Estos sectores sostuvieron que el objetivo de los comunistas no era la construcción del socialismo, sino un modelo de desarrollo basado en la redistribución de excedentes. Esta desviación, enmarcada en el llamado “socialismo del siglo XXI”, buscaba mejorar el nivel de consumo sin transformar las relaciones de producción, debilitando al movimiento y provocando rupturas internas.
A cien años de lucha de clases, es necesario reconocer estas experiencias para proyectar la reconstrucción del Partido Comunista del Ecuador (PCE). Esto implica reflexionar desde la crítica y la autocrítica, retomar la lucha por el socialismo-comunismo y construir colectivamente las condiciones para un nuevo programa revolucionario. Actualmente, atravesamos una etapa de reorganización, reconfigurando nuestra fisionomía de clase y proyectando nuevas generaciones de cuadros. El cambio programático se concretará en el XVI Congreso Extraordinario, fruto del trabajo colectivo y de la unidad ideológica.
Somos conscientes del desafío histórico que enfrentamos. Existen principios irrenunciables, como la toma del poder, la defensa del marxismo-leninismo, la posición de clase frente a las disputas inter-imperialistas y la disciplina basada en el centralismo democrático.
Tenemos la obligación de aportar a la reconstrucción del Movimiento Comunista Internacional como el camino para el triunfo del proletariado. La estrategia y táctica revolucionaria del Partido deben responder a las necesidades concretas de la lucha de clases en el Ecuador, junto con la reconstrucción integral de todos sus organismos y su vinculación con las masas.
Son tiempos difíciles, sin duda. Pero en medio del caos, emergerá la bandera roja de Ricardo Paredes y Rafael Ramos Pedrueza, y con ella el inevitable canto de la victoria final.
Quito, 5 de abril de 2026
(Tomado del periódico El Machete, Órgano de Expresión del Partido Comunista de México)










